Sólo Hoy

Ando epatada entre datos de ligures y nombres rimbombantes. Avieno, Éforo, Alalia, (la batalla, digo). Y mientras tanto yo, erre que erre, ora et labora, ora non maritima, ora cierro el estrecho, ora lo abro, ora sí, ora no, ora leches, ora … Hora de mandarlo todo a tomar vientos porque estoy hasta la última vértebra coccígea y más allá de la Medicina, los médicos, la Radiología, los radiólogos (de todos los sexos cromosómicos, genitales, biológicos o sociales, cisgénero incluido), el nuevo PACS, el soniquete del busca, el partido de España y Marruecos, la niña con sospecha de apendicitis, el adulto con sinusitis y estrés que se pone nerviosillo y se planta en las urgencias sacando de quicio a muchos para terminar rebotando en la menda, la wifi, la VPN de la conexión con el hospital (que falla y me deja a medias el puñetero e intrascendente informe), la descarga en pdf del análisis de mi progenitora femenina y el error de impresión, y demás. 

Resulta por tanto evidente que cuando el profesor Lapesa me habla sobre los preceltas, los protoceltas y los paraceltas ya no me encuentro tan motivada con la historia y la lengua, y bostezo a escondidas añorando los polvos de la Madre Celestina del bastón de magia de mi padre en el sombrero. Y aunque el dependiente de El Corte Inglés me calienta los oídos con un “¿me permite decirle que está usted muy elegante con el ídem?” (lo sustituyo para no repetirme, aunque él emplea la misma palabra) empiezo a dudar de la métrica, la sintaxis y la semántica, y las “aes” pasan de ser palatales a velares, con algo de grima por mi parte, aunque procuro sonreir animosamente: “Sí, me encanta disfrazarme. Tengo muchísimos”. Hasta un bombín, digo para mí. Y la conversación adquiere un tono indeterminado de la escala pentatónica cuando me enseña una foto del móvil donde su mujer toda vestida de rosa luce un sombrerito de paja veraniego muy mono. Y me quedo pensando sin hablar, sólo pensando, en el blues del autobús, mientras pago con la tarjeta lo que cuesta la miniaspiradora que he elegido para limpiar la jaula de Croma, mi chinchilla gris perla.

Hay días que son así, con sus tardes y sus noches, insufribles, inenarrables, inauditos y completamente insoportables. 
Hoy, sólo hoy, quiero volver a disfrazarme de abuelo de Heidi para quedarme solo, solo, solísimo en las montañas, como Soledad Sola, aunque sea en El Picazo o La Tortuga, con ovnis o sin ellos, pero con su jara pringosa y sus cercas de piedra. ¡Córcholis!, ¿será que desciendo de la cultura de campos de urnas funerarias?. Está muy feo que lo diga, pero me da la sensación de que el Cristo Yacente me ha guiñado un ojo, muerto, pero me lo ha guiñado.




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