Prométeme, Prometeo.-

Hoy te escribo, Prometeo,
por el juicio de la Rota
porque los días se pasan
y las canas se me notan.

Y, Prometeo, te cuento,
aunque me creas devota,
que el dado ha sacado un cinco,
y tiro porque me toca.

Prométeme, Prometeo,
que si engañas a las prosas
aunque temas a las musas
harás siempre bien las cosas.

Prométeme, si es que osas
acaudillar el castillo,
mantenerte en tus cabales
y enmendarte de tus losas.

Prométeme, Prometeo,
y el infanzón de las tocas
tendrá tu custodia a cambio
de cautivarte a las mozas.

Prométeme el baldaquino, 
no me esquives, rey de copas,
que te juro que mis armas
pueden vencerlas a todas.

Prométeme, Prometeo
las promesas deliciosas
que se suelen prometer
en las sales y en las sosas.

Recuerda no prometerme
alevosía en la estrofa, 
que tus tardes y mis noches
cuando agitan no se perdonan,
y los códices del reino
nunca juegan con las rosas,
pues ni mulas se regalan,
ni los libros se acartonan.

Por último, Prometeo,
a riesgo de vanidosa,
prométeme que tus sueños
jamás pertenecerán a otra,
lascivia de la mentira,
Odilia cien dadivosa,
perdida de madrugada
en sábanas mil dolosas.
















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