Van Gogh en su casa.-

Los límites entre genialidad y patología suelen ser estrechísimos, tanto que en ocasiones cuesta diferenciarlos. Van Gogh y su fijación por el color amarillo ha sido estudiada exhaustivamente por médicos expertos especialistas en diversas materias, así el profesor de Anatomía Patológica Paul Wolf publicó en el año 2001 en el British Medical Journal dos posibles causas (Wolf P. Creativity and chronic disease. Vincent van Gogh (1853-1890). West J Med. 2001;175(5):348. doi:10.1136/ewjm.175.5.348) :
- Una poco probable: Su afición por la Absenta, bebida a base de hierba de Artemisia absinthium con hinojo y anís, que parece demostrado que distorsiona la visualización de los colores. Lo cierto es que una persona debería beber unos ciento ochenta y dos litros para observar el entorno de color amarillo.
- El hecho de recibir Digital como tratamiento de lo que algunos han interpretado como cuadros epilépticos, que también cambia la percepción de los colores.
¿Se resta maestría al hombre explicando que pintaba únicamente lo que veía y que sus colores no constituían una forma de expresión sino tan sólo pura transcripción?.  Eso es algo que nunca podremos confirmar. Lo que está claro es que constituía un compendio de patología que supone un reto interpretativo para todos, historiadores, pintores, profesores de arte, médicos y observadores profanos en la materia.

Según Shahram Koshbin, profesor de Neurología en Harvard puede ser diagnosticado del llamado síndrome de Geschwind, entidad que presenta epilepsia del lóbulo temporal y trastorno de la personalidad, siendo el hipergrafismo (compulsión exacerbada de la escritura, demostrada con las innumerables cartas a su hermano Theo) su rasgo más prominente, con escritura muy minuciosa a base de grafismos, así como obsesiones morales, ataques de ira e incluso una sexualidad peculiar.
Vincent era un hombre muy enfermo. Además de un trastorno esquizoide de la personalidad y otro ansioso depresivo con episodios de depresión e hipomanía e incluso ideación paranoide por la que tuvo que ser ingresado en una institución psiquiátrica en Arles, también padecía de enfermedad de Ménière (con vértigo e hipoacusia), glaucoma, porfiria aguda intermitente (epigastralgias, dolores musculares, hipertensión, insomnio) y saturnismo (estreñimiento, dolor abdominal, heces negras, etc...) esto es, intoxicación crónica por Plomo de sus pinturas.  (Hughes J.R. A reappraisal of the possible seizures of Vincent van Gogh. Hughes J.R. (2005)  Epilepsy and Behavior,  6  (4) , pp. 504-510.
DOI:
 
10.1016/j.yebeh.2005.02.014). 
 


De ahí el desasosiego transmitido en todas sus obras.


Los fuegos artificiales llenaban la mitad derecha del espacio visual nocturno desde la azotea del edificio. Chisporroteaban con ardor para iluminar en abanicos múltiples el cielo madrileño. A ratos parecía de día y las sábanas sujetas con pinzas de colores que pendían de las cuerdas para secarse se asemejaban a la procesión del Cristo Yacente durante el miserere en Viriato. Por un instante clavé mi mirada en el balcón del sexto piso del edificio de la esquina: Dos lesbianas cogidas de la mano y abrazadas intercambiaban comentarios aparentemente sobre los colores de las luces instantáneas. Sentí cierta envidia de la sonrisa de una de ellas, aunque tan sólo duró un segundo. Pensé en fumarme un cigarrillo para mitigar después una extraña mezcla de sentimientos desapacibles (tristeza, nostalgia, miedo y abandono) pero no encontré ninguno. Aquellos diez o doce minutos estruendosos parecieron semanas. Intenté sin éxito fotografiar el instante.




Comentarios

Entradas populares